versión española  

 
italiano
english
español
français
Deutsch
polski
한 국 어
1976/90
1991/95
1996
1997
1998
1999
2000
2001
2002
2003
2004
2005
2006
2007
2008
2009
2010
2011
2012
2013
2014
2015
2016
2017


«Solo un ciego puede negar que en la Iglesia existe una gran confusión»
Entrevista de Matteo Matzuzzi
Il Foglio, 14 de enero de 2017


«Creo que es necesario aclarar varias cosas. La carta (1) —y los dubia adjuntos (2) — fue largamente reflexionada durante meses y ampliamente discutida entre nosotros. En lo que a mí respecta, también fue objeto de una prolongada oración ante el Santísimo Sacramento». Con esta premisa el cardenal Carlo Caffarra inicia la extensa conversación con Il Foglio (3) acerca de la ya célebre carta «de los cuatro cardenales» enviada al Papa para solicitarle aclaraciones en relación con Amoris laetitia (4), la exhortación (5) que recogió las conclusiones del doble Sínodo sobre la familia y que ha suscitado un intenso debate —no siempre caracterizado por la cortesía y la elegancia— tanto dentro como fuera de los muros vaticanos. «Éramos plenamente conscientes de que el gesto que estábamos realizando era muy serio. Teníamos dos preocupaciones principales. La primera era no escandalizar a los pequeños en la fe (6). Para nosotros, como pastores, este es un deber fundamental. La segunda preocupación consistía en evitar que cualquier persona, creyente o no creyente, pudiera encontrar en la carta expresiones que siquiera remotamente pudieran interpretarse como la más mínima falta de respeto hacia el Papa. Por ello, el texto final es fruto de numerosas revisiones: textos que fueron reelaborados, descartados y corregidos».

 

Tras estas premisas, Caffarra entra en el fondo de la cuestión.

 

«¿Qué nos impulsó a realizar este gesto? Una consideración de carácter general y estructural, y otra de carácter contingente y coyuntural. Comencemos por la primera. Para nosotros los cardenales, existe el grave deber de aconsejar al Papa en el gobierno de la Iglesia. Es un deber, y los deberes obligan. Desde el punto de vista más contingente, está el hecho —que solo un ciego podría negar— de que en la Iglesia existe hoy una gran confusión, incertidumbre e inseguridad causadas por algunos párrafos de Amoris laetitia. En estos meses ha sucedido que, respecto de las mismas cuestiones fundamentales relativas a la economía sacramental (7) (matrimonio, confesión y eucaristía) y a la vida cristiana, algunos obispos han afirmado A, mientras que otros han afirmado lo contrario de A, todos ellos con la intención de interpretar correctamente los mismos textos».

 

Y “esto es un hecho, innegable, porque “los hechos son testarudos” (8), como decía David Hume (9). La salida de este ‘conflicto de interpretaciones’ era recurrir a los criterios interpretativos teológicos fundamentales, utilizando los cuales pienso que se puede mostrar razonablemente que Amoris laetitia no contradice Familiaris consortio (10). Personalmente, en encuentros públicos con laicos y sacerdotes siempre he seguido este camino”. 

Pero no ha sido suficiente, observa el arzobispo emérito de Bolonia. “Nos dimos cuenta de que este modelo epistemológico no era suficiente. El contraste entre estas dos interpretaciones continuaba. Había un solo modo de resolverlo: preguntar al autor del texto interpretado de dos maneras contradictorias cuál es la interpretación correcta. No hay otro camino. A continuación se planteaba el problema del modo de dirigirse al Pontífice. Hemos elegido una vía muy tradicional en la Iglesia, los llamados dubia” (11).

 

¿Por qué?

 

«Porque se trataba de un instrumento que, en el caso de que, según su soberano juicio, el Santo Padre hubiese querido responder, no lo comprometía a respuestas elaboradas y largas. Solo tenía que responder ‘Sí’ o ‘No’. Y remitir, como los Papas han hecho a menudo, a los autores probados (en jerga: probati auctores) o pedir a la Doctrina de la Fe (12) que emitiera una declaración conjunta con la que explicar el Sí o el No. Nos parecía el camino más sencillo. La otra cuestión que se planteaba era si hacerlo en privado o en público. Reflexionamos y coincidimos en que habría sido una falta de respeto hacerlo todo público desde el principio. Así se hizo de modo privado, y solo cuando tuvimos la certeza de que el Santo Padre no respondería decidimos publicarlo».

 

Este es uno de los puntos que más se ha discutido, con las consiguientes polémicas de diverso tipo. Recientemente ha sido el cardenal Gerhard Ludwig Müller (13), prefecto del antiguo Santo Oficio, quien ha juzgado equivocada la publicación de la carta (14). Caffarra explica:

 

«Interpretamos el silencio como una autorización para continuar el debate teológico. Además, el problema afecta tan profundamente tanto al magisterio de los obispos (que, no lo olvidemos, lo ejercen no por delegación del Papa sino en virtud del sacramento que han recibido) como a la vida de los fieles. Tanto unos como otros tienen derecho a saber. Muchos fieles y sacerdotes decían: “Pero ustedes, cardenales, en una situación como esta tienen la obligación de intervenir ante el Santo Padre. De lo contrario, ¿para qué existen, si no ayudan al Papa en cuestiones tan graves?”. Comenzaba a abrirse paso el escándalo de muchos fieles, como si nosotros nos comportáramos como “los perros que no ladran” (15) de los que habla el Profeta. Esto es lo que está detrás de esas dos páginas».

 

Y, sin embargo, las críticas han llovido, incluso por parte de hermanos obispos o monseñores de la curia:

 

«Algunas personas continúan diciendo que nosotros no somos dóciles al Magisterio del Papa. Es falso y calumnioso. Precisamente porque no queremos ser indóciles hemos escrito al Papa. Yo puedo ser dócil al magisterio del Papa si sé qué es lo que el Papa enseña en materia de fe y de vida cristiana. Pero el problema es precisamente este: que en algunos puntos fundamentales no se entiende bien qué es lo que el Papa enseña, como demuestra el conflicto de interpretaciones entre obispos. Nosotros queremos ser dóciles al magisterio del Papa, pero el magisterio del Papa debe ser claro. Ninguno de nosotros —dice el arzobispo emérito de Bolonia— ha querido “obligar” al Santo Padre a responder: en la carta hemos hablado de su soberano juicio. Simplemente y con respeto hemos formulado preguntas. Tampoco merecen atención las acusaciones de querer dividir a la Iglesia. La división, ya existente en la Iglesia, es la causa de la carta, no su efecto. En cambio, cosas indignas dentro de la Iglesia son, en un contexto como este sobre todo, los insultos y las amenazas de sanciones canónicas».

 

En la premisa de la carta se constata «una grave desorientación de muchos fieles y una gran confusión en relación con cuestiones muy importantes para la vida de la Iglesia». ¿En qué consisten, específicamente, la confusión y la desorientación? Responde Caffarra:

 

“He recibido la carta de un párroco que es una fotografía perfecta de lo que está sucediendo”. Me escribía: “En la dirección espiritual y en la confesión ya no sé qué decir. Al penitente que me dice: vivo en todos los sentidos como marido con una mujer que está divorciada y ahora me acerco a la eucaristía, le propongo un camino para corregir esta situación. Pero el penitente me detiene y responde inmediatamente: ‘mire, padre, el Papa ha dicho que puedo recibir la eucaristía, sin el propósito de vivir en continencia’. Ya no puedo más con esta situación. La Iglesia puede pedirme todo, pero no que traicione mi conciencia. Y mi conciencia objeta contra un supuesto enseñamiento pontificio que admitiría a la eucaristía, dadas ciertas circunstancias, a quien vive more uxorio (16) sin estar casado”. Así escribía el párroco. “La situación de muchos pastores de almas —me refiero sobre todo a los párrocos— es esta: se encuentran sobre sus hombros con un peso que no están en condiciones de llevar. A esto me refiero cuando hablo de gran desorientación. Y hablo de los párrocos, pero muchos fieles permanecen aún más desorientados. Estamos hablando de cuestiones que no son secundarias. No se está discutiendo si el pescado rompe o no rompe la abstinencia. Se trata de cuestiones gravísimas para la vida de la Iglesia y para la salvación eterna de los fieles. No lo olvidemos nunca: esta es la ley suprema en la Iglesia, la salvación eterna de los fieles. No otras preocupaciones. Jesús fundó su Iglesia para que los fieles tengan la vida eterna, y la tengan en abundancia».

 

La división a la que se refiere el cardenal Carlo Caffarra se origina ante todo en la interpretación de los párrafos de Amoris Laetitia que van del número 300 al 305. Para muchos, incluidos varios obispos, aquí se encuentra la confirmación de un giro no solo pastoral sino también doctrinal. Otros, en cambio, sostienen que todo está perfectamente insertado y en continuidad con el magisterio anterior. ¿Cómo se sale de este equívoco?

 

«Haría dos premisas muy importantes. Pensar una praxis pastoral que no esté fundada y arraigada en la doctrina significa fundar y arraigar la praxis pastoral en el arbitrio. Una Iglesia con poca atención a la doctrina no es una Iglesia más pastoral, sino una Iglesia más ignorante. La Verdad de la que hablamos no es una verdad formal, sino una Verdad que otorga salvación eterna: Veritas salutaris (17), en términos teológicos. Me explico. Existe una verdad formal. Por ejemplo, quiero saber si el río más largo del mundo es el Amazonas o el Nilo. Resulta que es el Amazonas. Esta es una verdad formal. “Formal” significa que este conocimiento no tiene ninguna relación con mi modo de ser libre. Aunque la respuesta hubiese sido la contraria, nada habría cambiado en mi modo de ser libre. Pero hay verdades que yo llamo existenciales. Si es verdad —como ya había enseñado Sócrates— que es mejor sufrir una injusticia que cometerla, entonces enuncio una verdad que interpela mi libertad para actuar de una manera muy distinta de como lo haría si fuese verdad lo contrario”. “Cuando la Iglesia habla de verdad” —añade Caffarra— “habla de una verdad del segundo tipo, la cual, si es obedecida por la libertad, genera la verdadera vida. Cuando oigo decir que se trata solo de un cambio pastoral y no doctrinal, o bien se piensa que el mandamiento que prohíbe el adulterio es una ley puramente positiva que puede ser cambiada (y pienso que ninguna persona recta puede sostener esto), o bien significa admitir que el triángulo tiene generalmente tres lados, pero que existe la posibilidad de construir uno con cuatro lados. Es decir, afirmo algo absurdo. Ya los medievales, después de todo, decían: “theoria sine praxi, currus sine axi; praxis sine theoria, caecus in via” (18).

 

La segunda premisa que el arzobispo de Bolonia formula se refiere… 

“…al gran tema de la evolución de la doctrina, que siempre ha acompañado al pensamiento cristiano y que sabemos que fue retomado de manera espléndida por el beato John Henry Newman (19). Si hay un punto claro, es que no hay evolución allí donde hay contradicción. Si yo digo que s es p y luego digo que s no es p, la segunda proposición no desarrolla la primera, sino que la contradice. Ya Aristóteles había enseñado con razón que enunciar una proposición universal afirmativa (por ejemplo: todo adulterio es injusto) y, al mismo tiempo, una proposición particular negativa con el mismo sujeto y predicado (por ejemplo: algún adulterio no es injusto), no constituye una excepción a la primera. La contradice. Al final, si quisiera definir la lógica de la vida cristiana, utilizaría la expresión de Kierkegaard: “Moverse siempre permaneciendo siempre en el mismo punto”».

«El problema consiste en ver si los famosos párrafos nn. 300-305 de Amoris laetitia y la famosa nota n. 351 (20) están o no en contradicción con el magisterio precedente de los Pontífices que han abordado la misma cuestión. Según muchos obispos, existe contradicción. Según muchos otros obispos, no se trata de contradicción, sino de un desarrollo. Y es por esto por lo que hemos pedido una respuesta al Papa».

 

Se llega así al punto más controvertido, que tanto animó las discusiones sinodales: la posibilidad de conceder a los divorciados vueltos a casar civilmente el acceso nuevamente a la eucaristía. Algo que no aparece explícitamente en Amoris laetitia, pero que, a juicio de muchos, está implícito y no representaría más que una evolución respecto del n. 84 de la exhortación Familiaris consortio de Juan Pablo II. Argumenta Caffarra:

 

«El problema, en su núcleo, es el siguiente. ¿Puede el ministro de la eucaristía (habitualmente el sacerdote) dar la eucaristía a una persona que vive more uxorio con una mujer o con un hombre que no es su esposa o su marido, y que no tiene intención de vivir en continencia? Las respuestas son solo dos: ‘Sí’ o ‘No’. Nadie, por lo demás, pone en cuestión que Familiaris consortio, Sacramentum unitatis, el Código de Derecho Canónico y el Catecismo de la Iglesia Católica respondan ‘No’ a la pregunta mencionada. Un ‘No’ válido mientras el fiel no manifieste el propósito de abandonar el estado de convivencia more uxorio. ¿Ha enseñado Amoris laetitia que, dadas ciertas circunstancias precisas y realizado un determinado camino, el fiel podría acercarse a la eucaristía sin comprometerse a la continencia? Hay obispos que han enseñado que sí se puede. Por una simple cuestión de lógica, entonces habría que enseñar también que el adulterio no es en sí y por sí mismo un mal. No es pertinente apelar a la ignorancia o al error respecto de la indisolubilidad del matrimonio, hecho lamentablemente muy difundido. Esta apelación tiene un valor interpretativo, no orientativo. Debe utilizarse como método para discernir la imputabilidad de las acciones ya realizadas, pero no puede convertirse en principio para las acciones que se deben realizar. El sacerdote —dice el cardenal— tiene el deber de iluminar al ignorante y corregir al que está en error».

 

«Lo que Amoris laetitia ha aportado de nuevo en esta cuestión es el llamado a los pastores de almas a no contentarse con responder ‘No’ (pero no contentarse no significa responder ‘Si’), sino a tomar de la mano a la persona y ayudarla a crecer hasta el punto de que comprenda que se encuentra en una condición tal que no puede recibir la eucaristía, si no cesa en las intimidades propias de los esposos. Pero no es que el sacerdote pueda decir: “ayudo su camino dándole también los sacramentos”. Y es precisamente en esto donde el texto resulta ambiguo en la nota n. 351. Si yo digo a la persona que no puede tener relaciones sexuales con quien no es su marido o su esposa, pero que, por el momento, dado que le cuesta mucho, puede tenerlas… solo una vez en lugar de tres por semana, eso no tiene sentido; y no estoy usando misericordia con esa persona. Porque para poner fin a un comportamiento habitual —un habitus, dirían los teólogos— es necesario que exista el firme propósito de no realizar ya ningún acto propio de ese comportamiento. En el bien hay progreso, pero entre abandonar el mal y comenzar a realizar el bien hay una decisión instantánea, aunque haya sido largamente preparada. Durante cierto tiempo Agustín rezaba: “Señor, dame la castidad, pero todavía no”».

 

Al recorrer los dubia, parece comprenderse que lo que está en juego, quizá más que Familiaris consortio, es Veritatis splendor (21). ¿Es así?

 

“Si”, responde Carlo Caffarra. “Aquí está en cuestión lo que enseña Veritatis splendor. Esta encíclica (6 de agosto de 1993) es un documento altamente doctrinal, según la intención del Papa san Juan Pablo II, hasta el punto de que —algo ya excepcional en las encíclicas— está dirigida únicamente a los obispos en cuanto responsables de la fe que se debe creer y vivir (cf. n. 5). A ellos, al final, el Papa les recomienda vigilar acerca de las doctrinas condenadas o enseñadas por la misma encíclica: las primeras para que no se difundan en las comunidades cristianas, las segundas para que sean enseñadas (cf. n. 116). Una de las enseñanzas fundamentales del documento es que existen actos que, por sí mismos y en sí mismos, independientemente de las circunstancias en que se realizan y del fin que el agente se propone, pueden ser calificados como deshonestos. Y añade que negar este hecho puede llevar a negar el sentido mismo del martirio (cf. nn. 90-94). Todo mártir, en efecto —subraya el arzobispo emérito de Bolonia— habría podido decir: ‘Pero yo me encuentro en una circunstancia… en tales situaciones en las que el grave deber de profesar mi fe o de afirmar la intangibilidad de un bien moral ya no me obliga’. Piénsese en las dificultades que la esposa de Tomás Moro planteaba a su marido ya condenado en prisión: ‘Tienes deberes hacia la familia, hacia los hijos’. No se trata, por tanto, solo de un discurso de fe. Incluso usando únicamente la recta razón, veo que, si se niega la existencia de actos intrínsecamente deshonestos, se niega que exista un límite más allá del cual los poderosos de este mundo no pueden ni deben ir. Sócrates fue el primero en Occidente en comprender esto. La cuestión, por tanto, es grave, y sobre ella no pueden dejarse incertidumbres. Por eso nos hemos permitido pedir al Papa que haga claridad, porque hay obispos que parecen negar este hecho apelando a Amoris laetitia. El adulterio, en efecto, siempre ha sido considerado entre los actos intrínsecamente malos. Basta leer lo que dicen al respecto Jesús, san Pablo y los mandamientos dados por el Señor a Moisés”.

 

¿Pero queda todavía espacio hoy para los actos llamados «intrínsecamente malos»? ¿O tal vez ha llegado el momento de mirar más bien el otro lado de la balanza, es decir, el hecho de que todo, ante Dios, puede ser perdonado?

 

“Atención” —dice Caffarra—. “Aquí se produce una gran confusión. Todos los pecados y las decisiones intrínsecamente deshonestas pueden ser perdonados. Por lo tanto, “intrínsecamente deshonesto” no significa “imperdonable”. Sin embargo, Jesús no se limita a decir a la adúltera: “Tampoco yo te condeno”. Le dice también: “Vete y desde ahora no peques más” (Jn 8,10). Santo Tomás, inspirándose en san Agustín, hace un comentario bellísimo cuando escribe que: “Podría haber dicho: vete y vive como quieras y ten la certeza de mi perdón. A pesar de todos tus pecados, yo te libraré de los tormentos del infierno. Pero el Señor, que no ama la culpa ni favorece el pecado, condena la culpa… diciendo: y desde ahora no peques más. Aparece así cuán tierno es el Señor en su misericordia y cuán justo en su Verdad” (cf. Comm. a Jn. 1139) (22). Nosotros somos verdaderamente —no solo de palabra— libres ante el Señor. Y, por tanto, el Señor no nos arroja su perdón por la espalda. Debe existir un admirable y misterioso matrimonio entre la infinita misericordia de Dios y la libertad del hombre, el cual debe convertirse si quiere ser perdonado”.

 

Preguntamos al cardenal Caffarra si una cierta confusión no proviene también de la convicción, arraigada incluso entre muchos pastores, de que la conciencia sea una facultad para decidir autónomamente acerca de lo que es bien y lo que es mal, y de que, en última instancia, la palabra decisiva corresponda a la conciencia del individuo.

 

“Considero que este es el punto más importante de todos”, responde. “Es el lugar donde nos encontramos y chocamos con la columna vertebral de la modernidad. Comencemos por aclarar el lenguaje. La conciencia no decide, porque es un acto de la razón; la decisión es un acto de la libertad, de la voluntad. La conciencia es un juicio en el que el sujeto de la proposición que lo expresa es la elección que estoy a punto de realizar o que ya he realizado, y el predicado es la calificación moral de esa elección. Es, por tanto, un juicio, no una decisión. Naturalmente, todo juicio razonable se ejerce a la luz de criterios; de lo contrario no sería un juicio, sino otra cosa. El criterio es aquello en virtud de lo cual afirmo lo que afirmo y niego lo que niego. En este punto resulta particularmente iluminador un pasaje del Tratado sobre la conciencia moral del beato Rosmini (23): “Hay una luz que está en el hombre y hay una luz que es el hombre. La luz que está en el hombre es la ley de la Verdad y la gracia. La luz que es el hombre es la recta conciencia, pues el hombre se convierte en luz cuando participa de la luz de la ley de la Verdad mediante la conciencia confirmada en esa luz”. Ahora bien, frente a esta concepción de la conciencia moral se opone la concepción que erige como tribunal inapelable de la bondad o malicia de las propias elecciones la propia subjetividad. Aquí, para mí —dice el purpurado— se encuentra el choque decisivo entre la visión de la vida propia de la Iglesia (porque es propia de la Revelación divina) y la concepción de la conciencia propia de la modernidad”.

 

«Quien vio esto con extraordinaria lucidez —añade— fue el beato Newman. En la famosa Carta al duque de Norfolk (24), dice: “La conciencia es un vicario aborigen de Cristo. Un profeta en sus informaciones, un monarca en sus órdenes, un sacerdote en sus bendiciones y en sus anatemas... Para el gran mundo de la filosofía actual, estas palabras no son más que una vana y estéril verbosidad, carente de significado concreto. En nuestro tiempo arde una guerra encarnizada, diría casi una especie de conspiración contra los derechos de la conciencia” (25). Más adelante añade que “en nombre de la conciencia se destruye la verdadera conciencia”. He aquí por qué, entre los cinco dubia, el quinto es el más importante. Hay un pasaje de Amoris laetitia, en el n. 303, que no es claro; parece —repito: parece— admitir la posibilidad de que exista un juicio verdadero de la conciencia (no invenciblemente erróneo; esto la Iglesia siempre lo ha admitido) en contradicción con lo que la Iglesia enseña como perteneciente al depósito de la Revelación divina. Parece. Y por eso hemos planteado esta duda al Papa».

 

“Newman” —recuerda Caffarra— “dice que ‘si el Papa hablara contra la conciencia tomada en el verdadero significado de la palabra, cometería un verdadero suicidio, cavaría su propia tumba bajo sus pies’. Son afirmaciones de una gravedad sobrecogedora. Se elevaría el juicio privado a criterio último de la verdad moral. No digas nunca a una persona: “Sigue siempre tu conciencia”, sin añadir siempre e inmediatamente: “Ama y busca la verdad acerca del bien”. De lo contrario, pondrías en sus manos el arma más destructiva de su propia humanidad”.

 

N.T.

1) En este enlace se puede encontrar una copia de la carta junto con los “dubia”: 
[Italiano]: https://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/1351414.html 
[Español]: https://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/1351414ffae.html?sp=y

2) Cuatro cardenales eméritos, ya sin cargos oficiales en la Curia ni en el gobierno de la Iglesia, presentaron al Papa una solicitud de aclaración sobre algunos aspectos interpretativos de la exhortación apostólica postsinodal Amoris laetitia, dedicada al matrimonio y a la familia. Los firmantes fueron los cardenales Walter Brandmüller, antiguo presidente del Pontificio Comité de Ciencias Históricas; Raymond L. Burke, patrono de la Soberana Orden Militar de Malta; así como los arzobispos eméritos Carlo Caffarra, antiguo arzobispo de Bolonia, y Joachim Meisner, antiguo arzobispo de Colonia.
La carta, entregada al prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Cardenal Gerhard Ludwig Müller el 19 de septiembre, fue publicada el lunes 14 de noviembre por el blog del experto en el Vaticano Sandro Magister y el periódico digital La Nuova Bussola Quotidiana.

3) Il Foglio.  Fundado en 1996 por Giuliano Ferrara, es un prestigioso diario italiano reconocido por su filosofía liberal-conservadora y su profundidad intelectual. Bajo la dirección de Claudio Cerasa desde 2015, la publicación prioriza el comentario analítico por encima de la cobertura informativa tradicional. Se caracteriza por su diseño conciso y de gran densidad textual, así como por un estilo literario sofisticado y «barroco», concebido para un público influyente. Fuente: https://www.ilfoglio.it/ 

4) Amoris laetitia («La alegría del amor») es la segunda exhortación apostólica del papa Francisco. Aunque el documento lleva la fecha del 19 de marzo de 2016, solemnidad de san José, su publicación oficial tuvo lugar únicamente el 8 de abril del mismo año. El texto resume y desarrolla las conclusiones de los dos sínodos sobre la familia convocados por el papa Francisco: el sínodo extraordinario de 2014, dedicado a «los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización», y el sínodo ordinario de 2015, centrado en «la vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo». Fuente: Amoris laetitia. (14 novembre 2025). Wikipedia, L'enciclopedia libera. Tratto il 14 marzo 2026, 17:59 da //it.wikipedia.org/w/index.php?title=Amoris_laetitia&oldid=147824249 

5) La exhortación apostólica forma parte de los documentos del magisterio que puede emitir el Papa. Generalmente se considera que ocupa un lugar relevante después de las constituciones apostólicas y de las encíclicas, aunque en realidad el peso de cada documento depende más de su contenido que de su clasificación formal.
Este tipo de documento consiste en un mensaje que el Papa dirige a la comunidad católica con el fin de ofrecer orientaciones concretas sobre un tema determinado, por lo que tiene un carácter principalmente pastoral. Con frecuencia los papas publican exhortaciones apostólicas después de haber consultado a los obispos durante un sínodo, aunque no es imprescindible que procedan de este proceso.

6) En el lenguaje evangélico significa los fieles sencillos o aquellos con una fe más frágil. C.fr. Mt 11,11. Mt 19,13-14. Mt 10,42. Mt 18,6. Mt 18,10. Rm 14,1. Rm 14,13-23.

7) Economía sacramental. En teología cristiana, significa el modo en que Cristo comunica hoy, en la Iglesia, los frutos de su misterio pascual —su vida, gracia, muerte y resurrección— mediante la liturgia y, de modo eminente, mediante los sacramentos. El Catecismo lo formula así: es la “comunicación” o “dispensación” de los frutos del misterio pascual de Cristo en la celebración litúrgica sacramental. Fuente: https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p2s1_sp.html 

8) La frase de “los hechos son testarudos” (en inglés, “Facts are stubborn things”) no es de Hume. La fuente clásica es John Adams, en su alegato en el juicio del Boston Massacre (1770), tal como quedó recogido en la historia de William Gordon (1788): “Facts are stubborn things; and whatever may be our wishes, our inclinations, or the dictates of our passions, they cannot alter the state of facts and evidence…” https://founders.archives.gov/documents/Adams/05-03-02-0001-0004-0016

9) David Hume (1711–1776), ampliamente considerado uno de los filósofos más importantes que escribieron en lengua inglesa, fue también reconocido en vida como un distinguido historiador y ensayista. Famoso por la elegancia de su estilo en diversos géneros de escritura, sus principales obras filosóficas —A Treatise of Human Nature (1739–1740), An Enquiry concerning Human Understanding (1748), An Enquiry concerning the Principles of Morals (1751) y los Dialogues concerning Natural Religion, publicados póstumamente en 1779— continúan ejerciendo una influencia profunda y duradera.
Aunque muchos de los contemporáneos más tradicionales de Hume criticaron sus ideas calificándolas como expresiones de escepticismo e incluso de ateísmo, su impacto intelectual puede observarse claramente en la filosofía moral y en el pensamiento económico de su cercano colaborador Adam Smith.
Fuente: Morris, William Edward and Charlotte R. Brown, "David Hume", The Stanford Encyclopedia of Philosophy (Winter 2023 Edition), Edward N. Zalta & Uri Nodelman (eds.), URL = https://plato.stanford.edu/archives/win2023/entries/hume/  

10 Familiaris consortio, cuyo título puede traducirse como «La comunidad familiar» —también conocida como «Sobre la misión de la familia cristiana en el mundo contemporáneo»—, constituye la primera exhortación apostólica postsinodal del papa Juan Pablo II. El documento fue promulgado el 22 de noviembre de 1981.
Es el documento clave de San Juan Pablo II sobre la misión de la familia en la actualidad. En él se reafirma al matrimonio como una unión eterna y núcleo evangelizador del hogar. El texto destaca cuatro tareas fundamentales para la familia: construir comunidad, educar para la vida, participar en la Iglesia y colaborar con la sociedad. Aunque aborda las crisis sociales y las situaciones irregulares con un enfoque compasivo, mantiene la defensa de la doctrina tradicional y la apertura a la vida como ejes centrales del diseño divino.
Fuente: Familiaris consortio. (12 ottobre 2025). Wikipedia, L'enciclopedia libera. Tratto il 14 marzo 2026, 18:05 da //it.wikipedia.org/w/index.php?title=Familiaris_consortio&oldid=147185570

11) Los dubia son peticiones formales de aclaración sobre aspectos de la doctrina o de la práctica eclesial que pueden resultar ambiguos o controvertidos. Generalmente se formulan de manera que permitan obtener respuestas precisas —afirmativas o negativas— con el fin de disipar incertidumbres. Se trata de una práctica con larga tradición en la Iglesia, utilizada para esclarecer cuestiones complejas o debatidas, especialmente en períodos de discusión teológica como los que siguieron al Concilio Vaticano II. En el ámbito jurídico eclesiástico, el término se emplea para designar cuestiones dudosas o problemáticas que pueden surgir en los procesos de los tribunales de la Iglesia. Fuente: https://arca.news/que-son-las-dubia-en-el-contexto-religioso/

12) La Congregación para la Doctrina de la Fe es uno de los organismos más antiguos de la Curia Romana. Fue fundada en 1542 por el papa Pablo III con el nombre de Sagrada Congregación de la Romana y Universal Inquisición, con el propósito de defender la Iglesia frente a las herejías. En 1908 san Pío X cambió su denominación a Sagrada Congregación del Santo Oficio y, en 1965, Pablo VI le dio el nombre actual. Según la constitución apostólica Pastor bonus (1988) de Juan Pablo II, su misión principal es promover y proteger la doctrina de la fe y de la moral en toda la Iglesia católica. Por ello, todos los asuntos relacionados con estas materias entran dentro de su competencia. El dicasterio está compuesto por cardenales y arzobispos, cuenta con diversas secciones —doctrinal, disciplinar y matrimonial— y trabaja con la colaboración de consultores especializados. Además, organiza reuniones periódicas y promueve iniciativas destinadas a difundir la doctrina católica y a salvaguardar la tradición cristiana frente a enseñanzas consideradas problemáticas. Fuente: https://www.aciprensa.com/recurso/315/congregacion-para-la-doctrina-de-la-fe 

13) Gerhard Ludwig Cardenal Müller (31 de diciembre de 1947 en Finthen, ahora parte de Maguncia). Teólogo, arzobispo y cardenal presbítero alemán de la Iglesia Católica Romana. Fue obispo de Ratisbona de 2002 a 2012 y prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe de 2012 a 2017 y es juez de la Signatura Apostólica, el tribunal supremo de la Iglesia Católica Romana, desde 2021. Fuente: Gerhard Ludwig Müller. (24 febbraio 2026). Wikipedia, L'enciclopedia libera. Tratto il 14 marzo 2026, 22:48 da //it.wikipedia.org/w/index.php?title=Gerhard_Ludwig_M%C3%BCller&oldid=149570607. 

14) Puede leerse aquí una nota sobre lo comentado por el Card. Muller al respecto, publicada en Nathional Catholic Reporter (9/01/2017). https://www.ncronline.org/blogs/ncr-today/cardinal-muller-four-cardinals-challenging-pope-are-harming-church 

15 Isaías 56:10. “10 Sus vigías están ciegos, no hay ninguno que se entere; todos ellos, perros mudos, no saben ni ladrar; y los videntes se acuestan,habituados a dormir”. Fuente: https://www.edesclee.com/content/309-biblia-online-ed?page=libro27is

16)  More Uxorio. Término técnico del derecho canónico que significa “vivir como marido y mujer sin estar casados”. Dicho de la convivencia o unión estable: De hecho. Fuente: https://dpej.rae.es/lema/more-uxorio 

17) Veritatis salutaris. Probablemente la fuente histórica más relevante para el uso técnico-teológico del término se encuentra en el Concilio de Trento.Decreto sobre las Escrituras y las Tradiciones (Sesión IV, 1546) : “Nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios, la promulgó primero con su propia boca, y luego mandó que se predicara a toda criatura por medio de sus apóstoles, como fuente de toda verdad salvífica y disciplina moral”.
Fuente: https://www.papalencyclicals.net/councils/trent/fourth-session.htm 

18) Fase latina, que traducida al español sería: “La teoría sin práctica es un carro sin eje; la práctica sin teoría es un ciego en el camino”.  La frase es una sentencia neolatina, probablemente de origen pedagógico europeo (siglos XVII–XIX), basada en un concepto aristotélico antiguo (teoría–praxis) difundida como proverbio académico. Boecio tiene una frase con un sentido similar: “scientia sine usu prodest parum” (el conocimiento sin uso es de poco valor). Boetius. MED. De disciplina scholarium. (Patrologia latina, vol. 64. J. P. Migne, ed. Parisiis: excudebat Migne, 1847). Fuente: https://artflsrv04.uchicago.edu/philologic4.7/PLD/navigate/3281/2/3 

19) John Henry Newman (1801–1890) fue un destacado intelectual inglés que brilló como teólogo, filósofo y poeta. A mediados del siglo XIX, se consolidó como una de las figuras religiosas más influyentes de Inglaterra, alcanzando renombre nacional por su profunda labor académica y literaria.
Su vida estuvo marcada por su célebre evolución espiritual: tras ejercer como sacerdote anglicano, se convirtió al catolicismo y llegó a ser nombrado cardenal. Este tránsito no solo fue un acontecimiento histórico en la sociedad británica, sino que también fortaleció los vínculos entre la intelectualidad de la época y la Iglesia católica.
Finalmente, Newman dejó un legado institucional al introducir en Inglaterra la congregación del Oratorio de San Felipe Neri, fundando su primera casa en el país. Su obra continúa siendo un referente fundamental tanto para la teología como para la historia del pensamiento cristiano moderno.
Fue canonizado el 13 October 2019 por el Papa Francisco.
Fuente: Wikipedia contributors. (2026, March 14). John Henry Newman. In Wikipedia, The Free Encyclopedia. Retrieved 14:46, March 15, 2026, from https://en.wikipedia.org/w/index.php?title=John_Henry_Newman&oldid=1343510147 

20) La nota 351 de Amoris Laetitia.
[351] En ciertos casos, podría ser también la ayuda de los sacramentos. Por eso, «a los sacerdotes les recuerdo que el confesionario no debe ser una sala de torturas sino el lugar de la misericordia del Señor»: Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 44: AAS 105 (2013), 1038. Igualmente destaco que la Eucaristía «no es un premio para los perfectos sino un generoso remedio y un alimento para los débiles» ( ibíd, 47: 1039).
Fuente: Amoris laetitia: Exhortación Apostólica sobre el amor en la familia (19 de marzo de 2016) 

21) Encíclica Veritatis Splendor. Publicada el 06 de agosto de 1993 por Juan Pablo II representa un pilar de la teología moral católica. Su tesis central sostiene que la verdad ética es accesible a la razón y que la libertad humana alcanza su plenitud al alinearse con la ley divina. El documento confronta el relativismo al reafirmar la existencia de actos "intrínsecamente malos" y reivindica la autoridad del Magisterio para guiar la conciencia, proponiendo que la auténtica libertad se halla en el seguimiento de Cristo.

22)  En el libro de Santo Tomás, Catena Aúrea:
Únicamente quedaron dos, la miseria y la misericordia, pues sigue: "Y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en pie, en medio". Yo creo que aquella mujer se quedó aterrada, porque esperaba ser castigada por Aquél en quien no se podía encontrar culpa alguna. Mas Aquél que había rechazado a sus adversarios con la lengua de la justicia, levantando hacia ella sus ojos de mansedumbre, le preguntó: "Y enderezándose Jesús, le dijo: mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿ninguno te ha condenado?" Dijo ella: ninguno, Señor". Hemos oído antes la voz de la justicia; oigamos ahora la voz de la mansedumbre: "Y Jesús, ni yo tampoco te condenaré" 2. Esto dice aquél por quien, acaso, has temido ser condenada, por ser el único en quien no has encontrado culpa. ¿Qué es esto, Señor? ¿Fomentas los pecados? No, en verdad. Véase lo que sigue: "Vete, y no peques ya más". Luego el Señor condenó, pero el pecado, no al hombre. Porque si hubiese sido fomentador del pecado, hubiese dicho: "vete, y vive como quieras; está segura que yo te libraré; yo te libraré del castigo y del infierno, aun cuando peques mucho". Pero no dijo esto. Fíjense los que desean la mansedumbre en el Señor, y teman la fuerza de la verdad, porque el Señor es dulce y recto a la vez ( Sal 24,8). (página 270).
Fuente: https://ia601007.us.archive.org/25/items/el-gobierno-monarquico-santo-tomas-de-aquino/Catena%20Aurea%20-%20Santo%20Tom%C3%A1s%20de%20Aquino%20%5BEvangelio%20segun%20San%20Juan%5D%20%282%29.pdf 

23) Antonio Francesco Davide Ambrogio Rosmini Serbati (Rovereto, 24 de marzo de 1797 – Stresa, 1 de julio de 1855) fue un filósofo, teólogo y sacerdote italiano. El Papa Benedicto XVI lo beatificó el 18 de noviembre de 2007.

24) Carta del Card. Newman al Duque de Norfolk. En 1874, el ex primer ministro británico William Gladstone provocó una intensa controversia al publicar un escrito crítico contra los decretos del Concilio Vaticano I (1870). Su objeción principal se dirigía al dogma de la infalibilidad papal, que interpretaba como una posible intromisión de la Iglesia en el ámbito político. Desde su perspectiva, dicha doctrina generaba un conflicto de lealtades, pues parecía implicar que un católico devoto no podría ser simultáneamente un ciudadano plenamente leal a su país.
Ese mismo año, John Henry Newman —ya reconocido como una de las voces intelectuales más influyentes del catolicismo inglés— respondió a estas acusaciones mediante una extensa carta dirigida al duque de Norfolk. En ella sostuvo que la adhesión a la fe católica no entra en contradicción con las obligaciones cívicas, precisó el alcance real de la autoridad del Papa y destacó el papel central de la conciencia personal. Su intervención contribuyó de manera decisiva a atenuar las tensiones políticas relacionadas con la fidelidad de los católicos en el Reino Unido.
Fuente: https://www.newmanreader.org/works/anglicans/volume2/gladstone/index.html 

25) A Letter Addressed to the Duke of Norfolk on Occasion of Mr. Gladstone's Recent Expostulation
Certain Difficulties Felt by Anglicans in Catholic Teaching, Volume 2
John Henry Newman.
Conscience is the aboriginal Vicar of Christ, a prophet in its informations, a monarch in its peremptoriness, a priest in its {249} blessings and anathemas, and, even though the eternal priesthood throughout the Church could cease to be, in it the sacerdotal principle would remain and would have a sway. Words such as these are idle empty verbiage to the great world of philosophy now. All through my day there has been a resolute warfare, I had almost said conspiracy against the rights of conscience, as I have described it.
La conciencia es el vicario originario de Cristo: profeta en sus revelaciones, monarca en su perentoriedad, sacerdote en sus bendiciones y anatemas; e incluso si el sacerdocio eterno cesara en toda la Iglesia, en ella el principio sacerdotal permanecería y mantendría su dominio. Palabras como estas no son hoy más que verborrea vana e inútil para el gran mundo de la filosofía. Durante toda mi vida ha existido una guerra decidida —casi diría una conspiración— contra los derechos de la conciencia tal como la he descrito.
Fuente: https://www.newmanreader.org/works/anglicans/volume2/gladstone/section5.html 


Traducción y notas elaboradas por Juan Carlos Gómez Echeverr