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Extracto de la intervención en el Rome Life Forum (1), en preparación para la Marcha por la Vida (2) del 20 de mayo 2017
Roma, 19 de mayo de 2017



La historia humana es el enfrentamiento entre dos fuerzas: la fuerza de atracción que tiene su fuente en el Corazón traspasado del Crucificado-Resucitado; y el poder de Satanás, que no quiere ser desalojado de su reino. El campo en el que tiene lugar este enfrentamiento es el corazón humano, es la libertad humana. Y el enfrentamiento posee dos dimensiones: una dimensión interior y una dimensión exterior.

Jesús, la Revelación del Padre, ejerce una fuerte atracción hacia sí; Satanás obra en sentido contrario, para neutralizar la fuerza atractiva del Crucificado-Resucitado. En el corazón del hombre actúa la fuerza de la verdad, que nos hace libres; y la fuerza satánica de la mentira, que nos hace esclavos.

Pero la persona humana no es solamente interioridad, puesto que no es puro espíritu. Su interioridad se expresa, toma cuerpo en la construcción de la sociedad en la que vive. La interioridad humana se expresa, toma cuerpo en la cultura, la cual es una dimensión esencial de la vida humana en cuanto tal. La cultura es el modo específicamente humano de vivir.

La condición en la que se encuentra el hombre, situado como está entre dos fuerzas contrapuestas, no puede dejar de dar origen a dos culturas: la cultura de la verdad y la cultura de la mentira.

Hay un libro en la Sagrada Escritura, el último, el Apocalipsis, que describe el combate final entre los dos reinos. En este libro, la atracción de Cristo reviste el perfil de un triunfo sobre las potencias enemigas, comandadas por Satanás. Es un triunfo que llega después de un largo combate. Las primicias de la victoria son los mártires. «El gran dragón, la serpiente antigua, aquel a quien llamamos diablo y Satanás, y que seduce a toda la tierra, fue arrojado sobre la tierra… Pero ellos [= los mártires] lo han vencido por medio de la sangre del Cordero y gracias al testimonio de su martirio» [cf. Ap 12, 9.11].

¿Existen en nuestra cultura occidental hechos que revelen de modo particularmente claro el enfrentamiento entre la atracción ejercida sobre el hombre por el Crucificado-Resucitado y la cultura de la mentira, edificada por Satanás? Mi respuesta es afirmativa, y esos hechos son sobre todo dos.

El primer hecho es la transformación de un crimen [nefandum crimen, lo llama el Concilio Vaticano II (3)], el aborto, en un derecho. No estoy hablando del aborto como acto realizado por una persona. Estoy hablando de la más alta legitimación que un ordenamiento jurídico puede otorgar a un comportamiento: subsumirlo en la categoría del derecho subjetivo, la cual es una categoría ética. Significa llamar bien al mal, y luz a las tinieblas. «Cuando dice la mentira, habla de lo suyo propio, porque es mentiroso y padre de la mentira» (4). Se trata del intento de producir una anti-Revelación.

¿Cuál es, en efecto, la lógica que preside el ennoblecimiento del aborto? Es, en primer lugar, la negación más profunda de la verdad del hombre. A Noé, apenas salido de las aguas del diluvio, Dios le dijo: «Quien derrame la sangre del hombre, por el hombre su sangre será derramada, porque a imagen de Dios hizo Él al hombre» [Gn 9, 6]. La razón por la cual el hombre no debe derramar la sangre del hombre es que el hombre es imagen de Dios. Por medio del hombre, Dios habita dentro de su creación; la creación es templo del Señor, porque en ella habita el hombre. Quebrantar esta intangibilidad de la persona humana es un acto sacrílego contra la santidad de Dios. Es el intento satánico de dar origen a una anti-creación. Al ennoblecer una muerte humana, Satanás ha puesto el fundamento de su “creación”: quitar de la creación la imagen de Dios; oscurecer en ella su presencia.

En el momento en que se afirma el derecho del hombre a disponer de la vida y de la muerte de otro hombre, Dios es expulsado de su creación, porque se niega su presencia originaria, se desacraliza el lugar originario de su morada dentro de la creación: la persona humana.

El segundo hecho está constituido por el ennoblecimiento de la homosexualidad. Esta, en efecto, niega enteramente la verdad del matrimonio, el pensamiento de Dios Creador sobre el matrimonio.

La Revelación divina nos ha dicho cómo piensa Dios el matrimonio: la unión legítima del hombre y de la mujer, fuente de la vida. El matrimonio tiene en la mente de Dios una estructura permanente. Se basa en la dualidad del modo humano de ser: la feminidad y la masculinidad. No dos polos opuestos, sino el uno con y para el otro. Y solo así el hombre sale de su soledad originaria.

Una de las leyes fundamentales con las que Dios gobierna el universo es que Él no actúa solo. Es la ley de la cooperación humana en el gobierno divino. La unión entre hombre y mujer, que llegan a ser una sola carne, es la cooperación humana en el acto creador de Dios: toda persona humana es creada por Dios y engendrada por sus padres. Dios celebra la liturgia de su acto creador en el templo santo del amor conyugal.

En síntesis, dos son las columnas de la creación: la persona humana en su irreductibilidad al universo material; y la unión conyugal entre hombre y mujer, lugar en el que Dios crea nuevas personas humanas “a su imagen y semejanza”. La elevación axiológica del aborto a derecho subjetivo es la demolición de la primera columna. El ennoblecimiento de la relación homosexual, tal como se da en su equiparación al matrimonio, es la destrucción de la segunda columna.

En la raíz está la obra de Satanás, que quiere construir una verdadera y propia anti-creación. Es el último y terrible desafío que Satanás está lanzando a Dios. «Yo te demuestro que soy capaz de construir una alternativa a tu creación. Y el hombre dirá: se está mejor en la creación alternativa que en tu creación».

Se trata de una espantosa estrategia de la mentira, construida sobre un profundo desprecio del hombre. El hombre no es capaz de elevarse al esplendor de lo Verdadero; no es capaz de vivir dentro de la paradoja de un deseo infinito de felicidad; no es capaz de reencontrarse a sí mismo en el don sincero de sí.

El Gran Inquisidor de Dostoievski habla precisamente de este modo a Jesús: «Tú tenías una opinión demasiado alta de los hombres, porque ellos son sin duda esclavos, aunque rebeldes por naturaleza… Te lo juro: el hombre es débil y más vil de lo que habías pensado. ¡Es débil y miserable!».

¿Cómo debemos permanecer dentro de esta situación?

La respuesta es simple: dentro del enfrentamiento entre la creación y la anti-creación estamos llamados a DAR TESTIMONIO. El testimonio es nuestro modo de estar en el mundo. El Nuevo Testamento posee una doctrina riquísima al respecto. Debo limitarme a indicar los tres significados fundamentales que constituyen el testimonio.

Dar testimonio significa decir, hablar, anunciar abierta y públicamente. Quien no testimonia de este modo se asemeja al soldado que, en el momento decisivo de la batalla, huye. Dejamos de ser testigos y nos convertimos en desertores si no hablamos abierta y públicamente. La Marcha por la Vida, por tanto, es un gran testimonio.

Dar testimonio significa decir, anunciar abierta y públicamente la Revelación divina, la cual implica aquellas evidencias originarias que también la sola razón, rectamente ejercida, descubre. Y significa, en particular, anunciar el Evangelio de la Vida y del Matrimonio.

Dar testimonio significa decir, anunciar abierta y públicamente el Evangelio de la Vida y del Matrimonio en un contexto procesal [cf. Jn 16, 8-11]. El enfrentamiento va asumiendo cada vez más el perfil de un proceso, de un juicio cuyo imputado es Jesús y su Evangelio. Como en todo juicio, también hay testigos a favor: a favor de Jesús y de su Evangelio. El anuncio del Evangelio del Matrimonio y de la Vida tiene lugar hoy en un contexto de hostilidad, de contestación, de incredulidad. Si no fuera así, solo cabrían dos posibilidades: o se silencia el Evangelio, o se anuncia otra cosa. Evidentemente, lo que he dicho no debe entenderse en el sentido de que los cristianos deban hacerse… antipáticos a todos.

En el ámbito del testimonio al Evangelio, deben excluirse el irenismo y el concordismo. Sobre este punto, Jesús fue explícito. Sería un pésimo médico aquel que adoptara una actitud irénica frente a la enfermedad. Agustín escribe: «Ama al que yerra, pero combate el error». Como escribe el gran confesor de la fe ruso, Pavel A. Florenskij: «Cristo es testigo, en el sentido extremo de la palabra, el testigo. En su crucifixión, judíos y romanos creyeron ver solo un acontecimiento histórico, pero el acontecimiento se reveló como la Verdad».

 

N.T. elaboradas por Juan Carlos Gómez Echeverry

1) El Rome Life Forum reúne a cardenales, obispos, políticos y líderes provida de todo el mundo con el propósito de denunciar lo que describen como la “desorientación diabólica” de la llamada “Iglesia profunda” (Deep Church) y los males atribuidos al “Estado profundo” (Deep State) que, según sus planteamientos, afectan al mundo contemporáneo. Bajo la guía de Nuestra Señora, los participantes toman parte activa en conferencias magistrales y sesiones estratégicas del foro junto a destacados defensores en cuestiones relacionadas con la vida, la fe, la familia y la libertad.
Fuente: https://www.lifesitenews.com/shows/rome-life-forum

2) En Roma se celebró la séptima edición de la Marcha por la Vida, una manifestación contra el aborto que reunió a una gran cantidad de participantes. El recorrido comenzó en la Piazza della Repubblica y terminó en la Piazza Madonna di Loreto. Los organizadores destacaron la alta asistencia y afirmaron que el objetivo del evento era defender la vida humana, especialmente la de quienes consideran más vulnerables e indefensos. A la marcha se sumaron también algunas figuras políticas, entre ellas Gianni Alemanno, Mario Ciampi, Barbara Saltamartini y Matteo Salvini, quienes expresaron su apoyo a la iniciativa. En sus declaraciones, insistieron en la defensa de la vida desde la concepción hasta la muerte natural y presentaron la manifestación como una respuesta frente a lo que llaman “cultura de la muerte”.
Fuente: https://roma.corriere.it/notizie/politica/17_maggio_20/marcia-la-vita-strada-contro-l-aborto-siamo-tantissimi-c1bba9f4-3d77-11e7-a425-2bf1a959c761.shtml

3) Concilio Vaticano II. Gaudium et Spes N.º 51: «Deus enim, Dominus vitae, praecellens servandi vitam ministerium hominibus commisit, modo homine digno adimplendum. Vita igitur inde a conceptione, maxima cura tuenda est; abortus necnon infanticidium nefanda sunt crimina.»
«Pues Dios, Señor de la vida, ha confiado a los hombres la insigne misión de conservar la vida, misión que ha de llevarse a cabo de modo digno del hombre. Por tanto, la vida desde su concepción ha de ser salvaguardada con el máximo cuidado; el aborto y el infanticidio son crímenes abominables.»
Fuente: https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html

4) Juan 8, 44: «Vosotros sois hijos de vuestro padre el diablo, y queréis cumplir los deseos de vuestro padre. Éste fue homicida desde el principio, y no se mantuvo en la verdad, porque no hay verdad en él; cuando dice la mentira, dice lo que le sale de dentro, porque es mentiroso y padre de la mentira.»
Fuente: Biblia de Jerusalén. https://www.edesclee.com/content/309-biblia-online-ed?page=libro47jn



Traducción y notas elaboradas por Juan Carlos Gómez Echeverry