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¿Por qué tanto interés de la Iglesia por la familia?
Correggio (RE), 12 febrero 2017


No cabe duda de que, al menos desde el papa León XIII (1) en adelante, el interés de la Iglesia por el matrimonio y la familia ha ido creciendo de manera constante. Señalo solo algunos hechos significativos.

A partir de León XIII, casi todos los papas promulgan una encíclica sobre este tema. Un concilio ecuménico (2), el Vaticano II (3), habló de él con frecuencia y amplitud. San Juan Pablo II (4) hizo del matrimonio y de la familia una de las claves de su pontificado. El papa Francisco (5) incluso convocó dos Sínodos de los Obispos sobre esta cuestión y publicó, como conclusión de ambos, una exhortación apostólica (6) que, hasta ahora, es el documento más extenso que el magisterio pontificio ha dedicado al tema del matrimonio y la familia.

Lo dicho alude a la atención prestada por los papas. Pero, a partir de la segunda posguerra del siglo pasado, comenzaron también movimientos eclesiales específicos; la investigación teológica profundizó cada vez más en esta temática; y crecieron las beatificaciones y canonizaciones de beatos y santos casados, e incluso de parejas conyugales. Los más recientes, los padres de santa Teresa del Niño Jesús (7). Por tanto, es legítima, y en cierto sentido inevitable, la pregunta: ¿por qué tanto interés? En el primer punto de mi reflexión intentaré responder a esta pregunta. En el segundo mostraré el contemporáneo desinterés del mundo y de la cultura occidental por el matrimonio y la familia. Finalmente, en el tercero esbozaré el modo en que la Iglesia se interesa por el matrimonio y la familia.

¿Por qué tanto interés? La vía del hombre

Con ocasión de la decisión de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) de declarar 1994 Año de la Familia (8), Juan Pablo II escribió una Carta a las familias (9) [2 de febrero de 1994]. Y al comienzo de este importante documento, aquel gran Pontífice ofrece la primera y originaria respuesta a la pregunta. La sintetizo.

«El hombre es el camino de la Iglesia» [Carta encíclica Redemptor hominis (10) (14-3-1979), 14]. Es decir: «La Iglesia participa en las alegrías y esperanzas, en las tristezas y angustias del camino cotidiano de los hombres» [Carta a las familias, 1]. En este texto se insínua el tema del acompañamiento y de la participación en la condición humana, que constituyen uno de los grandes rasgos del pontificado de Francisco.

El camino que la Iglesia debe recorrer, es decir, el hombre en su existencia concreta, le ha sido indicado y, por así decir, impuesto por su divino Fundador. Es Él quien ha confiado el hombre a la Iglesia como misión suya.

Entre los numerosos “caminos” que el hombre recorre en su incesante búsqueda de sentido, se encuentran el matrimonio y la familia. Más aún: esta —junto con el trabajo— es la primera y la más importante.

Por tanto, la razón principal por la que la Iglesia manifiesta tanto interés por el matrimonio y la familia es su interés por el hombre, por la humanidad de cada hombre. Debemos ahora, en consecuencia, comprender por qué el interés por el hombre exige el interés por el matrimonio y la familia.

1.1. Partamos de una página evangélica muy conocida: el diálogo entre Jesús y los fariseos sobre la indisolubilidad del matrimonio [Mt 19, 3-9 (11) y par.].

La pregunta de los fariseos a Jesús no versaba sobre la legitimidad del divorcio. Esta era absolutamente cierta para los interlocutores: se fundaba en un texto de la Sagrada Escritura, en una disposición-concesión hecha por Moisés. La pregunta se refería a las causas que podían legitimar el recurso a esta concesión. En efecto, entre los jurisperitos de la época se discutía si la causa era una sola, el adulterio de la mujer, o si eran varias. A Jesús se le pide que tome posición en esta controversia jurisprudencial. En realidad, el texto mosaico no era ni claro ni preciso.

Y ahora les ruego que presten mucha atención a la respuesta de Jesús. Ante todo, esta invita a los oyentes a una operación de “ortóptica” (12), indicando en qué dirección debía buscarse la solución. Jesús la señala del siguiente modo: «(mirad al, considerad el) PRINCIPIO». ¿Qué significa esto?

No mirar el matrimonio tal como los hombres lo han reducido, sino tal como lo pensó el designio creador de Dios. La palabra «Principio», por tanto, no indica el momento, el instante cronológicamente primero que da inicio al transcurrir de la historia humana. Cuando un escultor decide esculpir una estatua en mármol, tiene antes, al principio precisamente, la idea, la inspiración que quiere expresar. Idea, inspiración, que luego se convierte en la escultura marmórea. Dios tiene una idea del matrimonio. Esta ha sido impresa por la mano creadora de Dios en la misma constitución y estructura de la persona humana. La persona del hombre y la persona de la mujer son como son —en su espíritu, en su psiquismo, en su cuerpo— porque han sido creadas en vista de la unidad conyugal. Piensen: ya Aristóteles quizá había tenido la intuición de este hecho, cuando define al hombre como “animal conyugal” (13).

Por tanto, la idea que el Creador tiene del matrimonio no debe pensarse como una ley a la cual el hombre deba adecuarse, ni como un ideal hacia el cual tender. No una ley moral; no un ideal. Sino la verdad íntima misma de la persona humana. Jesús dice que hay que mirar en esta dirección. El «PRINCIPIO», por consiguiente, no es algo del pasado. Es la presencia continua del designio divino en la persona del hombre y de la mujer. Un poco como la fuente de un torrente. Esta se encuentra ciertamente al inicio del torrente, pero al mismo tiempo es aquello que hace correr el torrente.

Los fariseos comprenden bien lo que Jesús quería decir, y que, orientando la mirada en la dirección indicada por sus palabras, su discusión ya no tenía sentido. Pero objetan: «Entonces, ¿por qué Moisés mandó darle acta de repudio y despedirla?». Como si dijeran: «Si es verdad lo que tú dices, entonces Dios se contradice. Por una parte, como tú dices, la idea que Dios tiene del matrimonio desde el principio implica la indisolubilidad. Pero, por otra, Moisés, que actuaba también en nombre de Dios, concede el divorcio».

En este punto, Jesús introduce en la discusión la consideración de una realidad nueva y trágica: la DUREZA DEL CORAZÓN. ¿Qué significa esto? La voluntad obstinada de la persona humana, de su yo más profundo, de rechazarse al PRINCIPIO, al designio de Dios. La condición actual de la persona humana ya no es como en el PRINCIPIO. Es como si pusiéramos tierra o una piedra sobre la fuente. El agua seguiría brotando, pero el torrente desaparecería. Hombres y mujeres continúan casándose, en el esplendor del PRINCIPIO que sigue brotando en su conciencia moral, pero en la miseria de una voluntad incapaz del “para siempre”. ¡Miseria de un rey caído! (14), diría Pascal.

Y en este punto Jesús deja entrever la razón de su misión: liberar en el corazón del hombre y de la mujer la fuerza del PRINCIPIO. Devolverles la capacidad perdida de amarse para siempre.

Me detengo un poco en este punto, a la luz de otra página evangélica: las bodas de Caná [cf. Jn 2, 1-11 (15)].

A la vida del matrimonio, a la Amoris laetitia (16), diría el Santo Padre, tarde o temprano le falta el vino; falta la fuerza que hace fieles al pacto conyugal. Y queda solo el agua. Jesús realiza el milagro: devuelve al hombre y a la mujer la capacidad del don recíproco. Devuelve el vino para que el banquete pueda continuar en el gozo del amor indisoluble. Con su primer milagro, Jesús se convierte al mismo tiempo en testigo de la verdad divina del matrimonio y en aquel que hace a la libertad capaz de realizarla.

Volvamos ahora a las preguntas de las que partimos: ¿por qué la Iglesia se interesa tanto por el matrimonio? Porque se interesa por el hombre. ¿Por qué interesarse por el hombre comporta interesarse por el matrimonio? Porque el matrimonio realiza la verdad originaria del hombre, su vocación al don de sí. Y, como enseña también el Concilio (17), la persona humana se encuentra a sí misma en el don sincero de sí misma. La Iglesia existe para que el hombre no se pierda a sí mismo.

1,2. Si me han seguido, habrán advertido que hasta ahora he hablado exclusivamente del matrimonio, no de la familia. ¿Por qué la Iglesia se interesa con la misma pasión por la familia? Porque se interesa profundamente por la genealogía de la persona. Me explico. La concepción de una persona es un acontecimiento grandioso. Es el resultado de un acto creador de Dios y del acto de la unión conyugal.

Dios quiso al hombre desde el principio, y lo quiere en cada concepción. Ninguno de nosotros viene al mundo por casualidad o por necesidad. Su existencia se debe a un acto creador de Dios. Cada uno de nosotros puede decir: yo existo porque Dios me ha querido. No porque tuviera necesidad de mí, ni por utilidad propia. Dios quiere a cada persona por sí misma. “Por sí misma” significa que cada uno de nosotros no existe en orden a algo distinto de sí mismo. Los filósofos dirían: toda persona es un fin, nunca un medio. Ninguna persona puede ser meramente usada o instrumentalizada.

Pero el origen de la persona está inscrito también en la biología de la generación. Si tenemos presente lo que acabo de decir, no será difícil comprender qué modo humano de poner las condiciones para la concepción corresponde dignamente al acto creador de Dios. Cuando los esposos toman conciencia de que han concebido una nueva persona humana, deberían tener plena conciencia de que Dios ha querido a esa persona, y que la ha querido por sí misma, no para los padres. Esta es la razón profunda por la cual el único acto digno de poner las condiciones para la concepción de una nueva persona humana es el acto del amor conyugal mediante el cual los dos esposos se hacen una sola carne. Al acto del amor creador de Dios corresponde el acto del amor generador de los esposos. Dios celebra la liturgia de su amor creador en el templo santo del amor procreador de los esposos. Producir una persona humana en laboratorio constituye una grave falta de respeto a su dignidad: los niños se conciben, no se producen.

La genealogía de la persona, además, se realiza plenamente en su educación. La educación es como una generación continua. Y es la educación la que instituye la verdadera relación entre las generaciones. El acto educativo introduce a la nueva persona en la vida, en la cultura que ha tomado cuerpo en la persona de los padres. “Una generación”, dice un Salmo, “narra a otra tus maravillas, Señor”. De este modo se produce uno de los bienes humanos fundamentales: la relación entre las generaciones. La biología de la generación se convierte en genealogía de la persona: nace un pueblo.

¿Por qué la Iglesia se interesa tanto por la familia? Porque es el lugar donde se asegura una verdadera y buena genealogía de la persona; un crecimiento de la persona hacia la plenitud, hacia el florecimiento de su humanidad.

La deconstrucción (18): el desinterés por la familia

El interés de la Iglesia se despliega dentro de la historia, en el interior de las diversas culturas. Ahora bien, en Occidente está sucediendo, y en parte ya ha sucedido, que no solo ha cambiado la morfogénesis (19) del matrimonio y de la familia, sino también su genoma. Me explico mediante la formulación de un dilema elaborado por un gran sociólogo italiano: «La familia [y el matrimonio, añado yo] es una institución del pasado que podemos modificar según nuestros sentimientos, afectos y deseos subjetivos, o bien es una realidad que posee una forma propia [un genoma propio, añado yo], una estructura sui generis, respecto de la cual se mide el carácter más o menos humanizante de la sociedad?» [Pier Paolo Donati (20), La famiglia. Il genoma che fa vivere la società. Rubbettino, Soveria Mannelli, 2013, p. 7; cf. también p. 213]. Más brevemente: ¿existe la familia o es más correcto hablar de “las familias”, sin hacer distinciones?

La cultura occidental, hoy, ha optado por el segundo término del dilema. Dos señales de esta opción son: la incorporación en los ordenamientos jurídicos del llamado matrimonio homosexual y la transformación de la generación en un procedimiento productivo. Nunca, en dos mil años de vida, la Iglesia se había encontrado ante un desafío semejante. Este acontecimiento cultural y lingüístico —no LA familia, sino LAS familias— es el resultado de procesos culturales seculares. Mencionaré solamente dos.

2,1. La privatización del matrimonio. Desde siempre, el matrimonio había sido considerado una realidad vinculada al bien común de la sociedad. No era solamente una institución de derecho privado, sino también de derecho público. Más aún, una institución que gozaba del llamado privilegium juris (21).

¿Qué ha sucedido y qué sigue sucediendo? Se impone progresivamente la tendencia a equiparar el matrimonio y la familia con cualquier agregado de individuos, unidos entre sí por gustos y afectos privados. El matrimonio y la familia son relegados al ámbito de la pura afectividad, sin considerar su relevancia para la sociedad. La consecuencia es que se va configurando una sociedad pensada y vivida como agregación de individuos y no como comunidad de familias. [Sobre todo esto, la obra citada de Donati merece ser leída y meditada.]

La lógica interna de la privatización del matrimonio lleva inevitablemente a plantearse la pregunta: ¿vale todavía la pena casarse? ¿No es mejor convivir? Si consciente o inconscientemente uno se deja arrastrar por el proceso cultural que estamos describiendo, la respuesta no podrá ser otra que la siguiente: no, ¡no vale la pena casarse! El progresivo paso, en los ordenamientos jurídicos, del divorcio por culpa al divorcio por consentimiento ha reforzado aún más esta respuesta.

Se comprende, por tanto, que la cuestión de la admisión o no de los divorciados vueltos a casar a la Eucaristía no es solo, ni principalmente, una cuestión de pecado o culpa personal, subjetiva. La estructura sacramental es una estructura de la Iglesia en cuanto tal.

El precio que estamos pagando a causa de la privatización del matrimonio es muy alto. Esto comporta, en la experiencia social, la progresiva pérdida de dos bienes relacionales fundamentales: el bien de la justa relación entre hombre y mujer y el bien relacional inherente al vínculo entre las generaciones. Por ello, nuestras sociedades se vuelven cada vez más anónimas, más riesgosas, más infelices. El hecho delictivo de Pontelangorino [FE] (22) no es sino la estremecedora punta de un iceberg.

2,2. La desbiologización (23) de los dos bienes relacionales [la relación hombre-mujer; la relación entre las generaciones]. Se define el matrimonio prescindiendo del dimorfismo sexual (24). La genealogía de la persona ha sido desarraigada de la biología de la generación.

También este fenómeno es fruto de largos procesos seculares. Mencionaré solamente tres.

La separación del cuerpo respecto de la persona. Esto ha tenido como consecuencia una reificación (25) del cuerpo humano. El cuerpo ha dejado de ser pensado y vivido como epifanía de la persona y como su lenguaje. Si, además, situamos este proceso dentro de la ideología tecnológica, constatamos que también el cuerpo queda “a disposición del hacer técnico”. El cuerpo femenino o masculino, si se paga, se convierte en cantera de la que extraer óvulos o espermatozoides. El útero, si se paga, puede incluso ser alquilado.

La separación de la sexualidad respecto de la procreación. Conviene prestar mucha atención: no estoy hablando del problema moral de la anticoncepción. Estoy examinando un modo de pensar cada vez más común, según el cual la genealogía de la persona ya no está de iure (26) inscrita en la biología de la generación. Esta radicación —se piensa— era solo un dato de hecho, hoy superado por las posibilidades técnicas de poder tener hijos sin el sexo.

La progresiva marginación de la consideración de la causalidad final en el estudio de la naturaleza ha contribuido a la incomprensión del finalismo intrínseco (27) de la sexualidad humana en orden a la procreación.

El resultado final ha sido la deconstrucción del edificio matrimonial y familiar. Seguimos teniendo todas las piezas —paternidad/maternidad, filiación…—, pero ya no tenemos el edificio. Familia y matrimonio: una entre tantas agregaciones constituidas por afectos privados.

Madre y Maestra: cómo la Iglesia se interesa por el matrimonio y la familia

Antes de responder a esta pregunta, debo hacer dos precisiones previas.

La primera. La Iglesia considera que la condición en la que hoy se encuentran, en Occidente, el matrimonio y la familia debe ser reconducida, para usar una palabra evangélica, AL PRINCIPIO. Los dos bienes relacionales que han sido puestos en cuestión son demasiado importantes para la verdadera felicidad del hombre como para ser dilapidados.

La segunda. La Iglesia se interesa por la salvación del hombre mediante tres actividades: el Magisterio, la Santificación y la Guía. Diré ahora algo sobre cada una de estas tres actividades.

3,1. Mediante la Revelación divina, Dios nos ha dado la luz de la Verdad; nos ha indicado el camino de la vida verdadera y buena. San Agustín escribió: «Nadie puede ser amigo del hombre si no es antes amigo de la verdad» (28) [Carta 155, 1].

La amistad hacia el hombre, que habita en el corazón de la Iglesia, implica en primer lugar su deseo, su voluntad, de decir al hombre la Verdad. No una verdad cualquiera, sino únicamente la Verdad que es camino de salvación, la verdad revelada por Dios mismo en Jesucristo. La Iglesia realiza este acto fundamental de amor, la caridad de la Verdad, mediante el Magisterio de los Papas, de los Concilios y de los Obispos. También hoy la Iglesia se interesa por el matrimonio y la familia diciendo la Verdad sobre el matrimonio y la familia.

3,2. Parto de un texto admirable del beato J. H. Newman (29): «[…] sabe y predica que tal restauración —la que ella busca realizar— no puede lograrse simplemente mediante medios externos de predicación y enseñanza, aun siendo estos los suyos, sino por una fuerza o gracia espiritual interior, comunicada directamente desde lo alto, de la cual ella es instrumento. Tiene la misión de rescatar a la naturaleza humana de su miseria, no solo devolviéndola a su propio nivel, sino elevándola a uno superior» (30) [Apologia pro vita sua, cap. V].

Lo que el gran cardenal inglés dice en general vale también, en particular, para el matrimonio. Es mediante el sacramento del matrimonio como el matrimonio mismo es salvado y sanado de la miseria en la que ha caído a causa de la dureza del corazón del hombre y de la mujer. Pero el sacramento no es solo una medicina que cura. Es un acto de Cristo que une a los dos esposos, elevando su amor conyugal a símbolo real del amor que une a Cristo con la Iglesia. Real: el amor conyugal no es una metáfora más o menos pálida, sino participación real en el vínculo que une a Cristo con la Iglesia. El don que Cristo hace de sí mismo a la Iglesia en la Cruz, euca rísticamente siempre presente, habita en el amor conyugal; y el amor conyugal está injertado, como el sarmiento en la vid, en la relación Cristo-Iglesia.

3,3. La tercera modalidad en que se expresa y realiza el interés que la Iglesia tiene por el matrimonio y la familia es la guía pastoral, tanto de quienes desean casarse como de quienes ya están casados, así como de quienes viven un “fracaso matrimonial”. El tiempo de que dispongo me obliga a ofrecer reflexiones breves y esquemáticas. Haré dos observaciones preliminares.

La primera. Uno de los carismas fundamentales del servicio pastoral del papa Francisco ha sido haber recordado a la Iglesia, con gestos luminosamente evangélicos y con sus palabras, que debe ponerse al lado de las personas. La guía pastoral debe asumir la forma del acompañamiento. Si no adoptáramos esta actitud espiritual, dilapidaríamos la gracia de este pontificado.

La segunda. Como he mostrado en el segundo punto, el mainstream (31) de nuestro tiempo no solo ha dejado de ver la bondad intrínseca del matrimonio y del don de la vida. También ha equiparado matrimonio y familia con cualquier agregación social constituida únicamente por vínculos emotivo-afectivos. El acompañamiento de la Iglesia debe adquirir también una dimensión medicinal; debe saber curar. Es la famosa metáfora del hospital de campaña.

Hechas estas dos observaciones, me parece que el problema central que la Iglesia debe afrontar en su acompañamiento es la reconstrucción del sujeto humano. ¿Qué quiero decir con esto?

La exhortación apostólica Amoris laetitia (32) dice: «Creer que somos buenos solo porque ‘experimentamos sentimientos’ es un tremendo engaño» [145]. La subjetividad humana —la capacidad de comprender, de querer, de tomar decisiones, la experiencia del deber moral en su regia majestad, la integración de las diversas dimensiones de las que estamos hechos— ha sido reducida a la emotividad. «Siento; no siento ganas de…». Se rompe el matrimonio porque ya no se siente amor.

Con razón, el papa Francisco dice que repetir simplemente a estas personas la doctrina y/o las leyes morales resulta ineficaz. Es necesario, como dice Jesús a Nicodemo, renacer. La Iglesia ya ha afrontado este problema: hacer renacer a una persona humana. Lo hizo cuando el Evangelio se enfrentó con el paganismo grecorromano. Y resolvió el problema inventando el catecumenado (33). Hoy, como ha dicho recientemente Francisco al inaugurar el año judicial de la Rota (34), es necesario un “catecumenado para el matrimonio”. [El mejor texto publicado hasta ahora sobre la temática de este § 3,3 es (35) J. Granados, St. Kampowski, J. J. Pérez-Soba, Amoris laetitia. Accompagnare, discernere, integrare, Cantagalli, Siena, 2016.]

Conclusión

Todavía existen esposos que viven su matrimonio arraigados y fundados EN EL PRINCIPIO, enriquecidos por el don del vino nuevo que Cristo, mediante el sacramento, continúa otorgándoles, velados por María, que advierte de inmediato a su divino Hijo cuando este comienza a escasear. Esposos que no viven un matrimonio ideal —el matrimonio ideal no existe; es una invención decomonónica—, sino que viven la verdad del matrimonio de un modo atractivo y bello. Ellos son la semilla, a menudo escondida, que, después de estos días tristes, hará florecer de nuevo lo que san Juan Pablo II llamaba la civilización de la verdad y del amor. En el esplendor de su cotidianidad, no pocas veces fatigosa, resplandece la potencia del amor eterno de Dios. En otro tiempo, la aurora de un nuevo orden social fue el monasterio benedictino; ahora lo son los esposos que viven el don sacramental de su matrimonio.

 

N.T.

1) León XIII, cuyo nombre de nacimiento era Vincenzo Gioacchino Pecci, fue el 256.º pontífice de la Iglesia católica. Nacido en Carpineto Romano, asumió el papado en febrero de 1878 —consolidado el 3 de marzo de ese mismo año— y lo ejerció hasta su muerte el 20 de julio de 1903. Su pontificado, uno de los más extensos de la época contemporánea, se inscribe en un contexto de transformaciones sociales y políticas que marcaron profundamente la vida de la Iglesia y su proyección en el mundo moderno.
Fuente: https://www.vatican.va/content/vatican/es/holy-father/leone-xiii.html

2) En el ámbito de la Iglesia cristiana, un concilio es una asamblea de obispos y otras autoridades eclesiales convocada para tratar y resolver cuestiones doctrinales, disciplinarias, administrativas y pastorales. Cuando participan representantes de toda la Iglesia, se habla de concilio ecuménico o general; en cambio, las reuniones de carácter regional —como las de provincias o patriarcados— suelen denominarse sínodos.
De acuerdo con la doctrina católica, un concilio solo adquiere carácter ecuménico si es convocado por el Papa, y sus decisiones no tienen fuerza obligatoria hasta que este las promulga oficialmente. Una vez promulgados, sus decretos alcanzan la máxima autoridad dentro de la Iglesia.
Fuente: Britannica Editors. “council”. Encyclopedia Britannica, 4 Jan. 2007, https://www.britannica.com/topic/council-Christianity. Accessed 5 April 2026.

3) El Concilio Vaticano II, celebrado entre 1962 y 1965 bajo los pontificados de Juan XXIII y Pablo VI, supuso un momento decisivo en la vida de la Iglesia contemporánea. A través de sus documentos, de carácter principalmente pastoral, impulsó un proceso de renovación y reforma orientado a fortalecer la relación de la Iglesia con el mundo moderno y a hacer más eficaz su misión en el contexto histórico de su tiempo.
Fuente: Catholic Answers. Los 21 Concilios Ecuménicos. Karl Keating, 6/01/1993. https://es.catholic.com/magazine/print-edition/the-21-ecumenical-councils

4) Juan Pablo II, nacido Karol Wojtyła en Wadowice (cerca de Cracovia), fue el 264.º papa de la Iglesia católica. Su pontificado se inició en octubre de 1978 —tras su elección el día 16 y el inicio efectivo de su ministerio el 22— y se prolongó hasta su fallecimiento el 2 de abril de 2005. Su largo gobierno eclesial marcó profundamente la vida de la Iglesia en el tránsito hacia el siglo XXI.
Fuente: https://www.vatican.va/content/vatican/es/holy-father/giovanni-paolo-ii.html

5) Francisco, nacido Jorge Mario Bergoglio en Buenos Aires (Argentina), fue el 266.º papa de la Iglesia católica. Su pontificado comenzó en marzo de 2013 —tras su elección el día 13 y el inicio formal de su ministerio el 19— y se extendió hasta el 21 de abril de 2025. Su gobierno eclesial se caracterizó por un énfasis pastoral orientado a la renovación de la vida de la Iglesia y a su relación con los desafíos del mundo contemporáneo.
Fuente: https://www.vatican.va/content/vatican/es/holy-father/francesco.html

6) Una exhortación apostólica es un documento pontificio de naturaleza pastoral mediante el cual el Papa anima a los fieles a profundizar y vivir con mayor intensidad determinados aspectos de la fe y de la vida eclesial. A diferencia de las encíclicas, no tiene como finalidad principal definir doctrina, sino ofrecer orientaciones prácticas, a menudo en continuidad con las conclusiones de un sínodo de los obispos. Su propósito es estimular la acción y promover virtudes concretas dentro de la Iglesia, por lo que, aunque presenta un menor grado de formalidad, conserva una notable relevancia en el magisterio pontificio.
Fuente: https://desdelafe.mx/noticias/sabias-que/que-es-enciclica-carta-apostolica-exhortacion-apostolica-diferencias/

7) San Louis Martin (1823-1894) y Santa Celia Guerín (1831-1877).
Fuente: https://www.vatican.va/news_services/liturgy/saints/2008/ns_lit_doc_20081019_martin-guerin_sp.html

8) En su resolución 44/82 del 9 de diciembre de 1989, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el año 1994 como el Año Internacional de la Familia. La iniciativa se centró en el tema “La familia: recursos y responsabilidades en un mundo en transformación” y estuvo guiada por el lema “Construir la democracia más pequeña en el corazón de la sociedad”.
La Asamblea determinó que las principales actividades debían desarrollarse sobre todo en los ámbitos local, regional y nacional, con el apoyo del sistema más amplio de las Naciones Unidas. La responsabilidad de la preparación fue asignada a la Comisión de Desarrollo Social, mientras que la coordinación se confió al Consejo Económico y Social.
Fuente: https://social.desa.un.org/issues/family/events/international-year-of-the-family-iyf-1994

9) Carta Gratissimam Sane del Sumo Pontífice Juan Pablo II a las familias.
Fuente: https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/letters/1994/documents/hf_jp-ii_let_02021994_families.html

10) Fuente: https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/en/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_04031979_redemptor-hominis.html

11) Mateo 19, 3-9: «19 1 Cuando acabó Jesús estos discursos, partió de Galilea y fue a la región de Judea, al otro lado del Jordán. 2 Le siguió mucha gente, y los curó allí. 3 Se le acercaron entonces unos fariseos que, para ponerle a prueba, le preguntaron: «¿Puede uno repudiar a su mujer por un motivo cualquiera?» 4 Él respondió: «¿No habéis leído que el Creador, desde el comienzo, los hizo varón y hembra, 5 y que dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne? 6 De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre.» 7 Le preguntaron: «¿Por qué entonces prescribió Moisés dar acta de divorcio y repudiarla?» 8 Les respondió: «Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres a causa de vuestra cerrazón de mente. Pero al principio no fue así. 9 Pues bien, os digo que quien repudie a su mujer —no por fornicación— y se case con otra comete adulterio.»»
Fuente: https://www.edesclee.com/content/309-biblia-online-ed?page=libro44mt

12) El Card. Caffarra utiliza la palabra en sentido figurado. Téngase en cuenta que la ortóptica es una especialidad sanitaria dedicada al diagnóstico y tratamiento de problemas de visión binocular y coordinación ocular, como el estrabismo y la ambliopía. Los ortoptistas trabajan junto a oftalmólogos y, junto con otros profesionales de apoyo, contribuyen al cuidado del paciente, la formación y el desarrollo de la salud visual.
Fuente: https://orthoptics.org.uk/patients-and-public/

13) Aristóteles no emplea literalmente la expresión “el hombre es un animal conyugal”; dicha fórmula es una síntesis moderna de su pensamiento. En la Ética a Nicómaco (VIII, 12, 1162a), sostiene que el ser humano, por naturaleza, está más orientado a la unión en pareja que a la vida política. Esta afirmación se apoya en la idea de que la familia (oikía) es anterior y más necesaria que la polis. Aunque la reproducción es común a los seres vivos, en el ser humano la convivencia incluye también cooperación y organización de la vida en común. Por ello, la expresión “animal conyugal” no es una cita literal, sino una manera de resumir su tesis: la relación entre hombre y mujer y la vida doméstica constituyen una forma originaria y fundamental de asociación humana, previa —en cierto sentido— a la comunidad política.
Fuente: Aristotle. (1926). Nicomachean ethics (H. Rackham, Trans.). William Heinemann; G. P. Putnam’s Sons. (Original work published ca. 4th century BCE)

14) La expresión “¡Miseria de un rey caído!” no corresponde literalmente a Pascal, sino que constituye una traducción libre de una formulación auténtica presente en su obra Pensées, se transcriben los numerales 397 y 398 para que se entienda adecuadamente el sentido de la frase:
397. La grandeur de l’homme est grande en ce qu’il se connaît misérable. Un arbre ne se connaît pas misérable. C’est donc être misérable que de [se] connaître misérable ; mais c’est être grand que de connaître qu’on est misérable. 398. Toutes ces misères-là mêmes prouvent sa grandeur ; ce sont misères de grand seigneur, misères d’un roi dépossédé.
397. La grandeza del hombre es grande en cuanto se sabe miserable. Un árbol no se sabe miserable. Ser miserable consiste, pues, en conocerse miserable; pero es grande conocer que se es miserable. 398. Todas estas mismas miserias prueban su grandeza; son miserias de gran señor, miserias de un rey desposeído.
Fuente: https://fr.wikisource.org/wiki/Pens%C3%A9es_(Pascal,_%C3%A9d._Brunschvicg)/Pens%C3%A9es/Section_VI

15) Fuente: https://www.edesclee.com/content/309-biblia-online-ed?page=libro47jn

16) Amoris Laetitia No. 21.
Fuente: https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20160319_amoris-laetitia.html

17) Concilio Vaticano II, Gaudium et spes, n. 24: «…el hombre, única criatura terrestre a la que Dios ha amado por sí mismo, no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás.»
Fuente: https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html

18) Deconstruir, en un sentido amplio, significa analizar críticamente una idea, un texto o un concepto para poner al descubierto sus supuestos implícitos, sus tensiones internas y los mecanismos mediante los cuales establece jerarquías. En el ámbito filosófico, especialmente en Jacques Derrida, la deconstrucción no consiste simplemente en destruir o refutar, sino en una lectura rigurosa que muestra cómo los discursos se sostienen en oposiciones como razón/emoción, presencia/ausencia o naturaleza/cultura. Estas oposiciones, lejos de ser estables, revelan fisuras, ambigu edades y “puntos ciegos” que resultan indispensables para el propio funcionamiento del sistema.
Fuente: https://plato.stanford.edu/entries/derrida/

19) Morfogénesis: término biológico que nombra tanto a) el proceso de formación de formas en el desarrollo (p. ej., embriología) como b) el conjunto de causas que determinan la organización de los seres vivos, y para la interpretación teórica de esos procesos, incluyendo enfoques matemáticos (catástrofes, fractales, caos).
Fuente: https://encyclopaedia.herdereditorial.com/wiki/Morfog%C3%A9nesis

20) Pier Paolo Donati (Budrio, Emilia-Romaña, 30 de septiembre de 1946) es un sociólogo y filósofo italiano, padre de la sociología relacional. Esta establece que la sociedad debe entenderse como relación social, lo que implica una ruptura con enfoques que la reducen a cultura, comunicación o estructura, proponiendo en cambio que lo social surge del vínculo entre las personas. Donati reformula el clásico problema entre estructura y agencia al introducir la relación como una realidad emergente, irreductible a ambos polos. La sociedad no está “sobre” los individuos, sino que acontece “entre” ellos.
Fuente: https://it.wikipedia.org/w/index.php?title=Pierpaolo_Donati&oldid=148047226. Pierpaolo Donati. (18 novembre 2025). Wikipedia, L’enciclopedia libera. Tratto il 5 aprile 2026.

21) Una situación jurídica especial reconocida por el derecho (privilegium juris).

22) En Ferrara, los dos menores implicados en el crimen de Pontelangorino, Manuel Sartori y Riccardo Vincelli, fueron condenados a 18 años de prisión cada uno mediante el rito abreviado. Estaban acusados del homicidio ocurrido en la noche del 9 al 10 de enero de 2017, cuando el matrimonio formado por Salvatore Vincelli y Nunzia Di Gianni fue asesinado mientras dormía.
Fuente: https://www.ilrestodelcarlino.it/ferrara/cronaca/omicidio-pontelangorino-53bc5e48

23) En el ámbito de la investigación, la desbiologización designa un enfoque que consiste en dejar de interpretar ciertos fenómenos humanos como determinados exclusivamente por la biología, para analizarlos a partir de dimensiones sociales, culturales, históricas, lingüísticas e institucionales. No implica negar el papel de lo biológico, sino cuestionar el biologicismo, es decir, la tendencia a explicar la realidad humana reduciéndola únicamente a factores como los genes o la anatomía.
Fuente: Meloni, M. (2016). From boundary-work to boundary object: How biology left and re-entered the social sciences. Sociology Compass, 10(5), 392–405. https://doi.org/10.1002/2059-7932.12013

24) El dimorfismo sexual se refiere a las variaciones fisonomías externas —tamaño, color, forma o estructura— entre machos y hembras de una misma especie. Estas diferencias, más allá de los órganos sexuales, son impulsadas por la selección sexual y factores hormonales, siendo muy comunes en mamíferos, aves e insectos.
Dimorfismo sessuale. (16 febbraio 2026). Wikipedia, L’enciclopedia libera. Tratto il 5 aprile 2026 da https://it.wikipedia.org/w/index.php?title=Dimorfismo_sessuale&oldid=149408305

25) La reificación o cosificación es el proceso de tratar conceptos abstractos, relaciones sociales o seres humanos como si fueran cosas materiales, concretas e inanimadas. Derivado del latín res (cosa), implica deshumanizar personas o naturalizar construcciones sociales, tratándolas como inmutables, frecuentemente vinculado al fetichismo de la mercancía en el marxismo.
Fuente: https://www.sciencedirect.com/topics/social-sciences/reification

26) De iure: lo que es reconocido, establecido o válido jurídicamente.

27) El “finalismo intrínseco” sostiene que toda potencia o facultad está, por su propia naturaleza, orientada hacia un fin, es decir, hacia aquello para lo cual existe. Aplicado a la sexualidad, implica que el acto sexual se encuentra de suyo (per se) ordenado a la procreación y, en el caso humano, también a la educación de los hijos.
Este planteamiento se fundamenta en el marco teleológico de Tomás de Aquino, según el cual el bien tiene razón de fin y, por tanto, las inclinaciones naturales se dirigen hacia bienes que constituyen su cumplimiento. En la Summa Theologiae (I–II, q. 94, a. 2), el autor incluye entre las inclinaciones humanas —compartidas con los demás animales— aquellas orientadas a la conservación de la especie, como la unión sexual y la crianza de la descendencia. De este modo, la procreación no aparece como un objetivo externo o añadido, sino como una orientación inscrita en la propia naturaleza de dicha inclinación.
Fuente: https://www.newadvent.org/summa/2094.htm

28) Nemo enim potest veraciter amicus esse hominis, nisi fuerit ipsius primitus veritatis: quod si gratis non fiat, nullo fieri pacto potest.
[Traducción al español]: En efecto, nadie puede ser verdaderamente amigo del hombre, si no lo ha sido primero de la verdad; y si esto no se hace gratuitamente, no puede hacerse de ningún modo.
Fuente: https://www.augustinus.it/latino/lettere/lettera_156_testo.htm

29) John Henry Newman (Londres, 21 de febrero de 1801 – Birmingham, 11 de agosto de 1890) fue un destacado teólogo, filósofo, académico y escritor inglés. Inicialmente presbítero anglicano, se convirtió al catolicismo en 1845 e ingresó en el Oratorio de San Felipe Neri. Posteriormente fue creado cardenal por el papa León XIII. Fue beatificado por Benedicto XVI en 2010, canonizado por el papa Francisco en 2019 y proclamado Doctor de la Iglesia por el papa León XIV en 2025.
Fuente: John Henry Newman. (2026, 18 de marzo). Wikipedia, La enciclopedia libre. https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=John_Henry_Newman&oldid=172564085

30) John Henry Cardinal Newman. 1907. Apologia pro vita sua - being a history of his religious opinions. Longmans, Green, And Co. 39 Paternoster Row, London, pp. 273-274. https://archive.org/details/apologiaprovitas0000john_y7r7
Versión inglesa: In like manner she has ever put forth, with most energetic distinctness, those other great elementary truths… She has it in charge to rescue human nature from its misery, but not simply by restoring it on its own level, but by lifting it up to a higher level than its own.
Traducción personal al español: Del mismo modo, ella ha proclamado siempre, con la mayor claridad y firmeza, aquellas otras grandes verdades fundamentales que explican su misión o dan carácter a su obra. … Tiene la misión de rescatar a la naturaleza humana de su miseria, no solo devolviéndola a su propio nivel, sino elevándola a uno superior.

31) “Mainstream” significa corriente principal o lo dominante: aquello que es más aceptado, difundido o “normal” dentro de un campo (cultura, medios, academia, política, música, etc.).

32) Francisco. (2016, 19 de marzo). Amoris laetitia: Exhortación apostólica postsinodal sobre el amor en la familia. Santa Sede. https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20160319_amoris-laetitia.html

33) Catecumenado. 1. m. Ejercicio de dar instrucción en la fe católica como preparación para el bautismo. 2. m. Tiempo en que se imparte o recibe instrucción en la fe católica como preparación para el bautismo.
Fuente: https://dle.rae.es/catecumenado

34) «Con este espíritu, quisiera reiterar la necesidad de un “nuevo catecumenado”, en preparación al matrimonio». Discurso del Santo Padre Francisco con ocasión de la inauguración del año judicial del tribunal de la rota romana. Sala clementina. Sábado 21 de enero de 2017.
Fuente: https://www.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2017/january/documents/papa-francesco_20170121_anno-giudiziario-rota-romana.html

35) Aquí se puede encontrar una reseña del libro en español. Libro “Acompañar, discernir, integrar” Vademecum para una nueva pastoral familiar a partir de la exhortación Amoris laetitia”.
Fuente: https://www.almudi.org/articulos/11439-acompanar-discernir-integrar



Traducción y notas elaboradas por Juan Carlos Gómez Echeverry